NO ESTAMOS EN EL MISMO BARCO


Mi barco puede naufragar y el tuyo no. Y viceversa.
Para algunos, la cuarentena está óptima: momento de reflexión, de re conexión. Suave, en chancletas, con un whisky o un té. Para otros, esto es una crisis desesperante.
Para algunos, una paz, tiempo de descanso, vacaciones. Para otros, una tortura: ¿Cómo voy a pagar mis cuentas?
Algunos están ocupados en elegir una marca de chocolate para pascuas. Otros están preocupados por el pan para el final de semana, si los fideos alcanzan para unos días más. Algunos están en el “home office” de su casa del country. Otros están revolviendo basura para sobrevivir.
Algunos quieren volver a trabajar porque se le está terminando la plata. Otros quieren matar a aquellos que rompen la cuarentena. Algunos necesitan romper la cuarentena para hacer cola en los bancos. Otros critican al gobierno por las colas en los bancos.
Algunos publican fotos de jubilados. Pero algunos de esos que publican fotos, seguramente podrían acompañar a algún familiar anciano.
Unos tienen fe en Dios y esperan milagros durante éste 2020. Otros dicen que lo peor está por venir. Entonces, amigos, no estamos en el mismo barco.
Estamos pasando un momento en el cual nuestras percepciones y necesidades son COMPLETAMENTE distintas. Y, cada cual, saldrá, a su manera, de esa tempestad.
Algunos, con el bronceado de la pileta. Otros con cicatrices en el alma.
Por tales motivos evidentes (y por otros invisibles), es muy importante ver más allá de lo que se ve a primera vista.
No solo mirar, pero más que mirar, ver. Ver más allá de partido político, más allá de religión, más allá del propio ombligo.
No menosprecie el dolor del otro si vos no lo sentís. No juzgue la buena vida del otro, no condene la mala vida del otro. Simplemente nadie es juez.
Estamos en barcos distintos. Cada cual que navegue su ruta y obviamente sin dejar de ser solidario.

Hacer política


No es que sea mi imaginación o una repentina figuración mía, pero el costo de hacer política es bastante elevado. Hay pesos y contrapesos que sumar antes de intentar siquiera alzar la voz para decir: “yo quiero hacer política”. En estos tiempos, ingresar a política es como embarcarte en un viaje por alta mar e ir contra la marea, sabiendo que los vientos pegan duro en todas las direcciones. La meta no solo es llegar ileso, sino también mantenerte incólume frente a una arena política sumamente movediza. 
El Perú de hoy, es un país del desengaño político. Los escándalos de corrupción al descubierto han confirmado que las sospechas de la población eran más que ciertas. El “todos roban” sí era una constante de la fórmula política. Corroborarlo nos ha dejado un mal sabor difícil de pasar. Ya no nos creemos el cuento y, por ello, el ambiente político se ha vuelto más álgido para quienes han decidido embarcarse en este viaje.
Con justa razón, la población exige renovación política, nuevos rostros, nuevos cuadros, representados sobre todo por jóvenes. Sin embargo, aunque nos cueste recordarlo, en el juego político participan tanto candidatos como quienes los elegimos. Por lo tanto, ambos jugadores deben estar a la altura de las circunstancias, dado que la responsabilidad es compartida.
Los políticos deben hacer, por un lado, una política diferente (cuya entraña no permita el desarrollo de la corrupción). Los ciudadanos, por otro lado, debemos renunciar a nuestro papel de críticos indiferentes, pues este rol no nos llevó a buen puerto. Los ciudadanos también requerimos una renovación, pero una renovación de mentes, ya que aún seguimos cargando una gigantesca mochila de prejuicios y arquetipos que nos predisponen a juzgar sin reflexionar.
Para entender lo que acabo de decir, vamos a utilizar el siguiente ejemplo. En estos días está circulando en redes un video de Julio Guzmán Cáceres donde aparece junto a la militancia organizada del Partido Morado en la ciudad de Trujillo, con motivo de la celebración de su cuarta cumbre nacional. Los seudocríticos han hecho mofa de la forma cómo se dirige a la población y de su particular estilo de relacionamiento con los militantes del partido que preside. No les cuadra su forma de ser y lo han tildado de payaso, comparándolo con un vendedor de redes de mercadeo, e incluso hay quienes señalan que su estilo es una réplica del programa religioso “Pare de sufrir”.
El costo de hacer política es, justamente, eso: recibir golpes desde distintas direcciones. Los ataques infundados siempre van a estar a la orden del día porque los prejuicios perduran. Las ideas preconcebidas siguen rondando entre la población. Por ejemplo, si ser político es sinónimo de seriedad (o mejor dicho de parquedad), el video de Julio Guzmán nos demuestra que él no encaja para nada en este perfil. Y por ende, la ola comunitaria lo desacredita sin mayor reflexión, tan solo por inercia.
Precisamente, estas valoraciones vacías son las que debemos evitar. Los ciudadanos responsables no podemos censurar a un político, sea cual fuera, por su estilo de hablar o por su forma de vestir, porque esto es en lo absoluto irrisorio. Hay que renovar nuestras mentes, ponernos los lentes de largo alcance y vaciar esa mochila de prejuicios. La seriedad de un político solo se mide en función de sus actos. Es ahí donde hay que enfocarnos.
En un país en el que reina la informalidad, los candidatos son, en su mayoría, personajes improvisados y acomodadizos que aparecen en escena como arte de magia, con el objetivo de servirse a sí mismos (y esto ya lo hemos corroborado). Por consiguiente, es ahí donde debemos colocar nuestra mirada para no caer en engaños ni tomar a pecho aquello que no debe pasar de una simple risa. La comicidad está reservada para la sección de anécdotas, pero de ningún modo puede influir en nuestras preferencias políticas.
Fernando Savater decía que no siempre nos movemos atraídos por la luz, a veces es la sombra la que nos empuja. En este caso, la sombra de la corrupción debe empujarnos a renovar nuestras mentes, a entender que el juego político nos concierne de una manera responsable. No podemos seguir siendo electores desinformados, ni dejarnos guiar como un rebaño que no piensa.
Los peruanos ya nos hemos equivocado lo suficiente como para cometer el mismo error. El precio de hacer política en un país del desengaño es elevado para quienes desean implantar una política diferente. Por ende, establecer obstáculos a la renovación política y la aparición de nuevos cuadros no es consecuente para un país que anhela el cambio. En lugar de incentivar el involucramiento de más personas serias, estamos impidiendo que esto ocurra al prejuzgar sin una base objetiva.
Es hora de asumir, por tanto, que la renovación es integral y pasa por un cambio de mentalidad de políticos como de electores, pues de no ser así el Perú continuará siendo un derrotero de lamentos. Ya estamos avisados entonces y lo único que nos queda es actuar. No olvidemos que la política es una lucha dual, no es un campo monopolizado para políticos. Los ciudadanos tenemos mucho que decir y nuestra intervención es clave. Entrar al mundo de la política no es cosa de bromas, es la actitud más seria que asume una persona en ejercicio de su ciudadanía.




Del pesimismo a la esperanza de la República

Últimamente leo o releo las memorias de Basadre, un libro que me regalo mi hermana, porque según ella era un libro aburrido, cuyo autor es el Profesor Ernesto Yepes.

Lo leo con cierta avidez tratando de imaginar al propio Jorge Basadre hablando frente a mí, pero es solo una idea extraña que no ocurre, quizás porque la habitación donde vivo es pequeña y lejana o porque aquel hombre Universal está ocupado en las mentes de los intelectuales del mundo. Entonces trato de imaginar y me pregunto ¿con quién se sentaría Basadre a conversar de tú a tú?, con un poco de frustración apaciguada levanto la mirada y veo mi viejo libro de “Artículos Escogidos” de Manuel González Prada, otro coloso de la intelectualidad peruana, y me atrevo a imaginarlos a González Prada y Jorge Basadre conversando sobre la política actual, sobre la coyuntura social del Perú.

En las primeras ojeadas del libro de “Artículos Escogidos”, ya entreví ese contagioso pesimismo en fraseología perfecta de Manuel González Prada diciendo que el Perú es un país podrido hasta los forros, recordando su elocuente y distintiva frase, dicha hace casi 100 años y que parece viajar a través del tiempo “El Perú es un organismo enfermo: donde se pone el dedo, salta la pus"; nos dijo Prada de nuestro enfermo Perú haya por el año 1928, hoy 2019 ya casi en fase terminal; es un infectado crónico, exangüe y postrado en una inmovilidad senil, expirando nuestro destino republicano.

Un pesimismo ultranza que ni en la novela Fahrenheit 451 de Ray Bradbury se gozaría de tanta desesperanza, y creo surgida por una crisis de conciencia adicta al entretenimiento embrutecedor en el que nos regodeamos; porque los ciudadanos no conectan el trabajo físico con el intelecto, porque desde siempre la alimentación de calidad y la buena educación tuvo apellido de abolengo y zapatitos de charol. No era para los cholos, ni para los negros, ni para mí (ni para ti que estás leyendo) el peruano tenía y tiene que sobrevivir porque sin el vientre no funciona la cabeza, puede haber ojos que no lean, pero no existe estómago que no coma.

Es allí cuando nuestra libertad pende de un hilo, cuando irremediablemente renuncias a leer y comienzas a agrietarte y te asalta la idea de Marco Aurelio De Negri en lo que el llamo el padecimiento del “inmediatismo” que sufre el humano, la escasa proclividad a realizar algo de esfuerzo, su adhesión a lo baladí, al fanatismo, a desear todo con esfuerzo cero, de no querer sudar el pan, su voluntad ridícula de querer adelgazar sin hacer ejercicio, su trivial forma de sentirse realizado con dos cervecitas en la cabeza.        
               
Quizás algún poder etéreo se ensaño con el Perú para darle esa clase dominante que son convertidos en gobernantes por esa clase de habitantes creo kilómetros en discernimiento, que los elige para luego abrigar razones de sobra y odiarse entre sí, pero que paradójicamente conviven, hasta se reeligen con lo que van nutriendo el sarro del resentimiento social. Pero no importa; mientras halla carnaval de pollera y cerveza por cajas el Perú es lindo. Es todo un drama, pero creo como un consuelo, el único castigo peor que vivir ese Perú, es quizás; la maldición de nacer en Haití, eso sí debe ser triste.

Me quedo mirando al vacío pensando en mi país, mi patria. Para aliviar y sacudirme de ese pesimismo sublime de Prada, me sirvo un vaso de Disaronno, mi licor favorito para fisgonear mis libros. Pero me ocurre una torpeza, “hay guevetas” -como me diría mi madre- derramé un poco de licor sobre “La Promesa de la Vida Peruana” de Basadre.

Rápidamente para evitar que se peguen las hojas de mi libro comencé a pasar una  a una, para que sequen, en ese procedimiento encontré una expresión que parafrasea un poco la tarea que tenemos, no solo como peruanos, sino como latinoamericanos, que claramente refleja la realidad de ésta parte del continente, extraída de la experiencia de Basadre en el mundo, decía “Los Estados Unidos de Norteamérica y los Estados Desunidos de Suramérica”; en definitiva un rompecabezas de repúblicas en pañales con democracias que gatean en busca de la teta. Comencé a sentir que el pesimismo es real, existente, pero tiene un sentido de oportunidad “Perú; Problema y Posibilidad” otra obra visionaria de Basadre.

Pero bueno; tenía que secar las hojas de “La Promesa de la Vida Peruana”, conforme soplaba y leía fui recordando algunos pasajes al releer las páginas húmedas del libro, e irlos relacionando con la coyuntura política de hoy Basadre nos dice -al contrario que González Prada- pensar y actuar positivamente ante la realidad, que la vida de la nación es una posibilidad que solo depende de los peruanos, que en nuestras manos está terminar ésta república inconclusa, que pasemos del problema a la posibilidad e incluso a la promesa. En ese momento me detengo y miro mi botella –pero si solo tome dos vasos-  el licor puede embriagar, y un libro también.

Tratando de secar las hojas, sigo leyendo intentando salir del pesimismo de antaño, pero encuentro similitud, entre Basadre y González Prada; al referirse a los peruanos de aquella época, pero cuya descripción parece calzar como zapatito de cenicienta a los peruanos de hoy. Cuando Basadre señala que los compatriotas son unos congelados, que tienen la entraña podrida, que son peruanos únicamente de emociones incendiadas que solo vociferan expresiones de ira y desengaño. Que los propios peruanos son encubridores de injusticias cometidas contra otros peruanos, pecadores impunes, cínicos de oportunidades mal gastadas. Antirrepublicanos serviles y de falsos alardes. En un momento pensé -que visión psíquica y aguda de Basadre- y pensar que éste libro que secaba con mi aliento fue publicado por primera vez el año 1943.

Quiero contagiarme de la esperanza de Basadre en sus memorias; allí él nos obliga a reaccionar contra estos adjetivos antirrepublicanos, a tener optimismo ante nuestra historia, él mismo habla de la maldición de los autogolpes y gobiernos De factos que hemos sufrido siglo y medio desde nuestra independencia como historiador que es, pero que a pesar de ello Basadre expresa que contra todo hecho serio de nuestra historia la República ha perdurado.

Me viene una sensación que en momentos al leer “La Promesa de la Vida Peruana” Basadre parece ser un Couch de esos que te dicen que a pesar de todo no te rindas, que debes seguir luchando, que debes entrenar y prepararte más para desafiar la realidad y cambiarla. Decía Jorge Basadre “En el Perú de 1930 madura un elemento psicológico sutil que puede ser llamado la promesa, impulsado por la angustia metafísica de vivir libres”.

Al parecer la idea de una República totalmente concebida sigue siendo solo proclama, siempre los extremismos, individualistas de la derecha o intervencionistas de la izquierda, paradójicamente no permiten pasar de la proclama a la realidad de una verdadera República.

Y vuelves a encontrar en más paginas mojadas al Couch Basadre decirte que el Estado debe liderar el progreso material para sus ciudadanos impulsándolos, nos llama a deshacernos del exagerado individualismo de los liberales, hoy neoliberales, como también de la carencia de fe en el país de los conservadores, como dándole la contra a González Prada.

Entonces, como ciudadanos, debemos ir tras esa patria justa, donde la preocupación no solo sea por el reparto, sino también sea por al aumento, como decía el propio Basadre. Seamos una república creciente, estamos por cumplir apenas 200 años, estamos en proceso y como en todo nunca faltarán decepciones, retrocesos y sobre todo avances, que siempre serán relativos, pero se harán, solo se requiere de esfuerzo, esfuerzo conjunto.

Terminar nuestra república inconclusa no pasa por quien, sino por cuantos estén comprometidos a hacerlo, definitivamente necesitamos a todos los ciudadanos peruanos. Por decir en Tacna prácticamente nos hemos bajado un “tarifazo” abusivo con la unidad de los ciudadanos ¿pudo ser mejor? sí, ¿se pueden lograr muchas más cosas? sí. Todo depende de la conciencia ciudadana, de madurar como electores, y de interesarnos por la política, por la verdadera política esa que corresponde al espíritu ciudadano de una República, quizás demoremos o se necesiten algunas generaciones, pero comenzar por algo es imprescindible, allí la obra hecha quedara y será continuada por los que vengan.     
    
Cito a González Prada decir “Las obras humanas viven por lo que nos roban fuerza muscular y de energía nerviosa. En algunas líneas férreas, cada durmiente representa la vida de un hombre. Al viajar por ellas, figurémonos que nuestro vagón se desliza por rieles clavados sobre una serie de cadáveres; pero al recorrer museos y bibliotecas, imaginémonos también que atravesamos una especie de cementerio donde cuadros, estatuas y libros encierran no solo el pensamiento sino la vida de los autores”.

Tengo una fe creciente, milito como muchos en un Partido Político nuevo, de idea renovada y diferente sin extremos ni devaneos, de doctrina clara, tolerante, pluralista y orgánico, pero sobre todo que envuelve implícitamente el hálito intelectual que Basadre nos legó a los ciudadanos que concluiremos la Republica anhelada. Y ¿Por qué no? Se vislumbra en un Partido nuevo con la enorme voluntad de sus militantes, por eso nada me quita la esperanza. Para mí el Perú es un organismo, quizás enfermo como dice Prada, pero vivo y como todo organismo puede producir una enormidad de glóbulos blancos para combatir esta precariedad de conciencia ciudadana y llevarnos a la esperanza de la vida peruana.  

Termino citando a Basadre que dice “La promesa no se define por las metas de un viaje terrenal sino por el espíritu de afirmación nacional que lo impulsa. El hombre necesita tener un ideal que perseguir, una esperanza que realizar”. Y digo; realizar por fin la República que demandamos a la historia que hoy a nosotros nos toca escribir.

Semana Santa, Semana tranca

Antes de ponerme a leer sobre la Historia de la Iglesia y viajar literalmente en los libros para conocer los orígenes del cristianismo. Este remedo de ensayista era un fervoroso rezador, visitador de iglesias y escucha de misas.

Claro antes de los 17 años, moqueaba ingenuidad, por lo tanto, la tradición católica de mis tías y el arraigo cristianísimo de mi familia me llevaban mimado a mi encuentro con Dios cada vez que era necesario.

Todos sabemos qué es Semana Santa, pero algunos, bueno quizás poquísimos, que no sientan resquemor, se pregunten de donde viene “Semana Santa” y qué sentido tiene.

Siempre me asaltaron intereses de conocer el origen del Triduo Pascual de esta semana. El fisgoneo de libros y artículos me llevaron a conocer al Sr. Cayo Flavio Valerio Aurelio Claudio Constantino, Emperador muerto hace 1682 años.

Este Emperador romano de 34 años conocido como Constantino I “El Grande” fue quien legalizo el cristianismo halla por los años 320-325 dC aunque las convicciones cristianas de éste emperador dejaban dudas del tamaño del Vaticano, pero para el “obispado” de la época era todo un cristiano ejemplar, sin embargo conocida fue su brutalidad, su inmisericordia con sus rivales y enemigos políticos.

Este emperador ejemplar para los cristianos, estrangulo a su cuñado, mando matar a su hijo mayor Crispus y a su mujer Fausta por una supuesta infidelidad. Fue el primer emperador cristiano, convertido al cristianismo por medio del bautizo horas antes de su muerte, para así limpiarlo de pecados y “entrara al reino del señor”.

Claro no obstante los intereses divinos de la Iglesia perdonaron a este “Emperador de la Brutalidad” gracias a las propiedades y Palacios que regalo al Papa y a la hegemonía cristiana de la época, y por propiciar la celebración el Primer Concilio de Nicea el año 325 dC dando legitimidad a la celebración de Semana Santa y permitir posteriormente que la Navidad sea celebrada públicamente.

Por su puesto imagino que a Constantino le hade importar un pedo como celebre Tacna ésta Semana, tradición, que espero; tienda a desaparecer, y que de Santa tiene el paganismo hasta en los forros. Durante toda la semana se instalan en el Intiorko juegos de azar, restaurantes, licorerías y hasta burdeles delivery. Claro, pero todos van a rezar vela en mano golpeándose el pecho hasta con piedra.


Todos los fieles saldrán con la fe de la hipocresía encabezados por la Diócesis de Tacna a criticar, y las señoronas de apellido tacneño y los pacatos del diezmo dirán: estos cholos traen costumbres que no son de acá, ay fo!. Sí, estos serranos para eso van al cerro, a robar y violar deberían largarse todos. Y luego se persignan pidiéndole a Dios que reine la paz, rogando por sus familias y que nunca descubran a su amante, pidiendo justicia para el mundo pensando en cómo evadir sus deudas y cómo tener más plata sin trabajar.

Si aquel Revolucionario de Galilea viera estos tiempos reaccionaria de seguro peor que contra los mercaderes de las sinagogas. A todos los Papas incluido a Francisco les daría una patada en el poto por haber fracasado y mal interpretado su verdadero mensaje.

El Nazareno jamás hubiera querido vivir como un monarca o como Rey de fieles, jamás hubiera aceptado regodearse con el poder y la corrupción. Él nos dijo que se divulgue el amor entre nosotros, nos respetemos en igualdad y amemos la Paz.

Para mí, la Iglesia Católica siempre será una cuchipanda de gusarapos clérigos ávidos de poder. De sacerdotes pollerudos merecedores del descrédito obispal más autodiscriminador e hipócrita del mundo. Con pruebas y testimonios fehacientes el periodista Pedro Salinas denunció los abusos del Sodalicio y es condenado a prisión suspendía y pagar 80,000 soles de reparación a un abusador de crucifijo en mano, y ante ésto la Iglesia y el Opus Dei se agitan como bandera de verdadera “obra de Dios” y aquí no pasó nada.

Gracias a los libertadores del pensamiento hechos de lomo y hojas compaginadas, gracias a los libros verdaderos emancipadores de mi fe, que me han librado de éste club de Dios, y que me libran de éste trago amargo dando ecuanimidad y paz a mi conciencia regocijada en sosiego al Deísmo que admito.

Gota

Me encanta disfrutar de las cosas a mi manera, y algunas veces a las formas que tienen los demás. Ahora que vivo encaprichado y contento en mi soledad, la paz de la reflexión me da el tiempo apasionado para escribir ensayos como antes, hasta que decidí cagarlas. Pero hoy el júbilo de la paz ha vuelto, el gozo del eco de mi espacio ideal me vuelve a abrazar y a besar.

Pero estos gozos y disfrutes me han traído un acompañante odioso, un recurrente infame, un aguafiestas que está dispuesto a visitarme luego de brindar y comer parrillas jugosas o embutidos manjares; es la hiperuricemia más conocida como “gota” que muy dolorosamente me hace saber que he pasado la luz roja, qué debo hacer dietas, ejercicios y declarar interdictos los placeres del paladar porque tengo sobrepeso y porque eso en estos tiempos es un pecado que te condena a la crítica de los sanos, a la burla de los atletas de lo correcto y a la dictadura de las modas fútiles.

Porque si como lo que me gusta, soy un suicida que juega con un revolver a la ruleta rusa del colesterol y con balas de ácido úrico directos a la sien. Si no haces ejercicio como recomiendan los que no tienen otra cosa que hacer eres un réprobo, y los mariquitas del gimnasio te dirán en coro: ay fo! …estas gordo.

Cuando la gota asoma, yo me asomo al Seguro Social, donde esa mezcla extraña de cariño y odio se entrelazan en la sonrisa de enfermera, mientras se recursean, persuadiéndote a tomar magnesio porque si no lo tomas te puede ir muy mal. También están las técnicas limpiapoto vestidas de blanco humo que te recomiendan infusiones de hierbas asquerosas, tés de un verde dudoso que vieron en propaganda de televisión boliviana. Quieren cuidarte el cuerpo recomendándote lo que ven en televisión, en esa herramienta genial que te llena el cerebro de extremas versiones de descerebreramiento. Allí ves los mejor de Otto Kunz y piensas; si me como un tocino en el desayuno, mi arteria carótida será una manguera pisoteada por un búfalo. O ver allí también la rica Coca Cola que es la chispa de la vida para que te mueras emanando, en vez de sangre, mermelada sabor a diabetes.

Esta gota que no es de agua, sino de urea, te obliga a algo que cualquiera no quisiera volver a ver ni oír; a estar frente a esa inquisición de mandil percudido y estetoscopio colgado del cuello que te dice: estás muy mal, tus niveles de ácido úrico están elevados, de seguir así los problemas renales están a la vuelta de la esquina. Como la futileza cuesta menos que la sutileza, solo doy gracias sínicas y me digo en silencio, este galeno sabrá que es un guardián del estalinismo farmacéutico.        
  
Este dolor artrítico, que más parece alarma de advertencia, no es una enfermedad per se, no la produce un virus, la produce los malos hábitos de gula y falta de frugalidad. Como lo padecieron ya desde los años 2250ac. con los Faraones, pasando por Reyes y Papas antiguos a través de las centurias hasta hoy, con lo que la gota resulta ser un mal tan antiguo como las pirámides de Egipto. Quizás sea alguna rencarnación faraónica; talvez tutankamón, o como dice mi hermana: tú serias tutanwebon por dejar que dé gota, yo solo levanto los hombros y digo sin oposición: bueno.

A lo primero que te condena la gota es a la dieta alimenticia, seria genial que los vegetales olieran tan bien como el tocino o el chicharrón, pero es ilusión, con verso y todo. En definitiva, por el propio bien; resulta inexcusable cambiar las bebidas por agua pura, las carnes rojas por pollo y verduras, el ocio por ejercicio, y el desvelo por dormir. Porque allí; ineludibles estarán los que te quieren de verdad y te quieren ver bien, son los que sabes que amas de verdad. Por quienes debes el esfuerzo, la voluntad y la constancia para vivir por ellos, de estar sano para ellos y para compartir con ellos los mejores momentos de la vida.

Porque si no te cuidas, si no estás bien, entonces vienen como enjambre de juzgadores a gritarte, aconsejarte, exhortarte, emplazarte y hasta amenazarte con que te van a matar si no te cuidas, finalmente como jueces darte su veredicto en nombre de tu salud y por tu bien.

Un Mundo sin Planeta

Cuando escucho decir a la gente “no queremos más minería. No queremos contaminación. Qué planeta le vamos a heredar a nuestros hijos” pienso en el mío y reflexiono aquella idea en la que parecemos encaminados con un entusiasmo suicida. Miró al cielo, al asfalto y siento que la pesadumbre me culpa, la desazón parece señalarme con el dedo y la congoja me hace pensar que a lo largo de la historia en este planeta existen –divorciados- dos sistemas complicados; la sociedad humana y la naturaleza.

En todas partes se puede leer y oír “salvemos el planeta”, “que la ciencia ha probado que el principal problema del recalentamiento global es la actividad humana”, “que con la polución no hay escapatoria, que los impactos pueden ir de dolores de cabeza, gordura, adormecimientos, letargo, asma a canceres”; con lo que llego a la conclusión que salvar el planeta y su medioambiente es un error. Porque en realidad el ambiente como sea va a sobrevivir, nosotros somos los que no podríamos sobrevivir. Porque es claro; nosotros al destruir la naturaleza nos destruimos en el proceso también.

Y el punto de quiebre creo que fue en los 1800s en el siglo XIX con el artefacto a vapor, luego la era del fósil-combustible pariendo la bendita “revolución industrial” que dividió éste planeta entre primer mundo y tercer mundo. Esos fueron los comienzos de la concepción putativa que tuvo la globalización y que dio la palabra –hoy medio cojuda- llamada “progreso”; es eso lo que creo que nos debe obligar a ésta generación a reinventar el sistema industrial y reconceptualizar esa palabrita.

Quizás esto sea por la inexperiencia del mal llamado “homosapien”, es que somos una especie increíblemente joven, no pensamos en eso, pero así es. Hace mucho oí a un científico de color decir: piensen; “si condesáramos la edad del planeta en un año, nosotros llegamos quince minutos antes de que termine el año y toda nuestra historia humana ha pestañado en los últimos sesenta segundos” y añadiría que fueron los 60 segundos de mayor crecimiento demográfico desproporcional de la especie humana, por ejemplo entre 1930 a 1960 hemos crecido 50% de lo que nos tomo crecer los dos últimos siglos asegurándonos hoy una crisis sobrepoblacional kamikaze.

Me da risa llamarnos “homosapien” cuando tan solo creo que somos grupos animales esparcidos al azar a lo largo del planeta unidos por especies o grupos en sociedad, algunos más grandes que otros, pero condicionados por dos caracteres esenciales: uno es el oportunismo y otro la codicia. Las plantas y animales serían los oportunistas porque únicamente hacen lo necesario para sobrevivir, la otra seríamos nosotros la especie codiciosa, la que se mata entre sí, a la que únicamente le espera la extinción “hombre sabio” se sobreentiende. Se me fue la risa.

¿Se puede pensar que los políticos actuales son “homosapien”?  y lo pregunto sin cachita. Los políticos no responden a la crisis del clima global, solo a la crisis financiera global, no les importa lo verde del planeta, si no lo verde de los dólares. Ellos responden desgraciadamente a ese poder, al poder dinerario, que es un poder más alto, en la actualidad el money de la industria del fósil-combustible corporation.

Para los sistemas políticos la “economía medioambiental” esta disfrazada como un subsistema, y un subsistema de un sistema mayor que es como la biósfera. El problema es que el subsistema, o sea la economía está para crecer para expandirse, y mientras crece va reemplazando y finalmente aplasta la biósfera. Ese es el costo fundamental -lo qué es y no lo dicen- es “el costo de crecimiento” o de desarrollo; conocido como “las externalidades”.

Ese “desarrollo” que desde la infancia la ávida televisión lobotomiza en nuestra mente sin darnos cuenta ó nos damos cuenta y simplemente no hacemos nada. Cuando estamos frente a la pantalla cualquiera de nosotros o cualquier niño; promedio ve al día más de mil logos de marcas o corporaciones, pero vemos menos de diez animales o imágenes de la naturaleza de la selva, la cierra o la costa.

Esta tan insertado en nuestro subconsciente que “todo va de maravilla” que la mayoría de las personas han aceptado el costo de ésta metamorfosis climática creyendo que nunca nos va alcanzar, la tragedia es que parece lo más cercano a ocurrir. La mayoría de gente se levanta en la mañana y se preocupa del transporte al trabajo, de mandar a sus hijos al colegio, de pagar sus deudas y solo piensan en comprar nuevas cosas, ir de vacaciones o lo que sea. Con esa manera entumecida de pensar difícilmente llegaremos al fondo del problema. Lo que se requiere es gente más consciente de las cosas de la naturaleza que actúan en nuestras vidas y que se incrementará gradualmente en el futuro cuando quede muy poco, eso hará del invernáculo un asunto catastrófico.

Es que somos consumidores desproporcionados, compulsivos y sin amor propio. Claro como seres humanos indiscutiblemente tenemos deseos materiales. Como sabemos; las cosas materiales son parte del modo de ser, en cierta medida de cómo definir quienes somos. Ahora; no es que el consumismo sea la maldición, el problema parecer ser que esta fuera de balance. Eso quizás explique tanta gordura o nos revele a nosotros mismo cómo un planeta de obesos flotando sobre hamburguesas y caca. Por cada camionada con valor, se generan treinta caminadas de desperdicio.

Para lo cual la naturaleza tiene su batallón emplumado y sus hienas risueñas encargadas de reciclar desperdicios. La sociedad humana apenas y procura las economías de reuso, de combustibles renovables a lo que parecemos vagamente encaminados, demasiado lento para algo de lo que casi no hay tiempo.

El medio hermano de mi hijo me pregunta si existe el fin del mundo; antes le decía que era improbable, pero ahora lo dudo. La verdad no sé si la vida se extinga algún día, que hayamos cambiado radicalmente el agua, el aire y el suelo del planeta y que afecte el curso de la existencia, pero la vida es tenaz y adaptable a excepción de nosotros que somos los más vulnerables.

La vida ha existido por más de tres o cuatro millones de años con todas sus especies, pero el noventa por ciento se han extinguido o se está extinguiendo, podríamos pensar que la extinción es parte de nuestra vida. Quizás la extinción es lo que ha permitido a la vida florecer, evolucionar y cambiar a las condiciones variables del planeta como diría Darwin. La tragedia es que somos una especie joven y solo apuramos las condiciones para nuestra propia muerte, de acuerdo con la ONU de cincuenta a cincuenta mil especies se extinguen por daño de nosotros, la desdicha no es la destrucción inminente de la humanidad, sino una enorme crisis de extinción que estamos arrastrando con la nuestra.

Es penoso pensar que un día todo se esfume; todo esto por lo que hemos peleado en el transcurso de la historia, todo ese frágil lugar que ha navegado las centurias y los milenios para llegar a éste punto en particular, todo para ser desechado rápidamente como vestigio de una sociedad humanoide. Será solo huella de un mundo de consumismo, maljuicio, violencia e injusticia de una civilización majadera y subnormal que el robot Wall-E acomodará escombro sobre escombro como en su película que más parece una premonición.

Reparo como algo quimérico que el mundo desaparezca. Pero si por alguna razón la raza humana por cualquier medio se erradicara del planeta, la tierra no va a ningún lado y creo que con el tiempo se regeneraría lentamente con lagos inmaculados, ríos cristalinos y montañas verdes; todo regenerado sin la existencia de humanos como al inicio de los tiempos.

¿Y saben por qué?

Porque la tierra ha tenido, tiene y tendrá todo el tiempo del universo; nosotros no.  Además de una verdad que pocos quieren reconocer; el universo no nos necesita para existir. Más conciencia conciudadanos.

El sueño Iron Maiden


Hoy recuerdo gratamente que fueron noventaicinco días de espera que sucumbieron en un grito colmado de pura adrenalina de un sueño por fin cumplido. Desde el momento que tuve la entrada al concierto de Maiden en mis manos -que espere desde mi acabada pubertad hasta ésta perspicaz adultez- la esperanza de ver la banda del heavy metal jurada en la inmortalidad por fin se haría realidad.

Deje como muchos; el trabajo, los estudios, la casa, la familia, los amigos, en suma todo lo que pudiera estorbar la pasión de ver a la doncella, todo lo que no se necesita para disfrutar los mejores dicibeles del heavy metal de éste planeta.

De noche la embarcadera imperial en ruedas comenzó su marcha hacia la Capital donde se cumpliría mi sueño del heavy metal.

Hasta que por fin a la mañana siguiente llegue a Lima por enésima vez; a esa ciudad como siempre espantosa no solo por sus contrastes escandalosos de la arquitectura rasante de sus barrios, de su garúa mediocre y grisáceo cielo, de la cara de postguerra de sus distritos recontra meados; si no también, por la cagasón de sus parques desatentos y las bestias 666 brevetadas para las combis.
La caótica ciudad y su viejo estadio serian la sede del encuentro con la banda tantas veces llamada monstruo del rock.

Imagine llegar como un Fernando De Magallanes al estadio, pero llegue como un Cristóbal Colón. Ya otros estaban allí mucho antes que yo. Lo que me dejo patitieso de la impresión. Es que me jure llegaría primero, pero no fue así.

Luego de instalarme en un hotel cero estrellas; salí y me acerque a conversar con los primeros metaleros, les pregunte ¿desde qué hora estaban aquí? y entre melenas me respondieron “maiden!, maiden!, maiden!…” les volví a preguntar ¿por dónde es la entrada para la sección “2 minutes to midnight”? Y señalándome el camino me respondieron “maiden!, maiden!, maiden!…” Yo un tanto liado les volví a preguntar ¿han visto a alguien de Tacna por acá? y me respondieron “maiden!, maiden!, maiden…!” imaginé que me decían “nadien nadien nadien…” por decirme “nadie” así que fui a buscar el ingreso que me correspondía para al concierto.

Por fin las primeras señales del ingreso para la sección “2 minutes to midnight”. Apenas y leí el cartel de entrada y raudos se apostaron en el lugar entre unos quince metaleros y metaleras con frazadas, carpas, fiambres y trago. Yo estaba en polito, blue jeans, chalas y un powerade sabor a mora en la mano, nada más.

Pero como un buen fan y un guerrero del metal, me sume a la cola tempranera del concierto. Lo impresionante es como ésta banda de Heavy Metal puede convocar gente de todo el Perú. En aquella cosa me encontré con muchísimos amigos de otras partes; de Arequipa, Puno, Juliana, Cuzco y Lima mismo, además de los amigos que pude hacer en la espera al concierto, fue algo increíble y además excelente.

Pasaron y pasaron las horas y cada vez más gente, más pelucones, más borrachos, más desastrados, más pitucos cicateros y más metaleras pipilépticas, todos con un motivo; ver a Iron Maiden.

La muchedumbre enfilada coreaba Maiden! Maiden!...  el gentío se hizo sentir; se veían metaleros nacidos del odio rural y legítimo. Poleras de Maiden por doquier vistiendo a falanges del resentimiento histórico. Catervas de jóvenes llegados de la estera a escupir Lima a discreción. Escuadrones llegados del arenal distrital gritando diatribas de rencor social justificados y acompañados con “Maiden carajo!” y así llegaban y llegaban huestes de todos los colores, de todas la calañas, de todos los fichajes abrazados coreando Maiden! Maiden! Maiden!... en una autentica fiesta de fiebre Maideniana.

Hasta que por fin llego la hora de ingresar al recinto, al viejo estadio que sería el mudo testigo de la noche más gloriosa de los cuarenta y cinco mil heavys que se dieron cita aquel 26 de marzo.

A las 3pm Lentamente comenzamos a ingresar, los nervios asaltaban el corazón emocionado, pasada la puerta de ingreso el alma obligaba a correr al cuerpo hacia la mejor ubicación del estadio para la espera final.

Todo fue impresionantemente puntual y de una calidad sorprendente, a las 6.50 pm Masacre de Perú hizo lo suyo, luego una gigantografía se despliega en el escenario y aparece Lauren Harris demostrando que es la hija del fundador de Iron Maiden.

Y por fin alrededor de las 9 en punto de la noche las pantallas gigantes comienzan a proyectar el video del Ed Force One con el fondo musical de la canción “Transylvania” todo el estadio estallo comenzando a corear “oole! oole! ole! ole… Maideeen Maideeen!... oole! oole! ole! ole… Maideeen Maideeen! Cuando entre gritos se escucha el ruido de motor de los viejos aviones Spitfire ingleses y la voz inconfundible de Winston Churchill en la proclama de junio de 1940;
detona la emoción en todo el Estadio Nacional, se escuchan los primeros acordes del tema “Aces High”, y comienza lo más perfecto que mis retinas lagrimosas han visto y mi corazón emocionado pudo sentir para nunca más olvidarlo.


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