Hijo… feliz cumpleaños !!!

Mi querido “enanito”; hoy siento desde alma que tengo mucho que decirte, pero éste papá tuyo no encuentra las palabras exactas para describir el inmenso amor que siento por ti. Pero lo intentaré, al escribir sobre ti hijo, me siento minúsculo, me siento ágrafa.

Trato de digitar algo; y no puedo creer que me nuble. Es que hasta hoy hijo me doblegas con la inmensidad de tu ser pequeñito, cuando se trata de decirte que al verte siento haber renacido, siento ver por tus ojos este mundo y siento que existo para darte una mano cuando recorras esta vida. Siempre estaré, aun contra el tiempo; cuando yo te esté mirándote desde una estrella o soplado como brisa dócil tu cabello y tu rostro de hombre maduro.

Quedo empequeñecido para describir lo que mí corazón dicta de lo más hondo de ese mar dulce de ternura, que inspiras como dulzura que me atrapa al vigilar tu sueño a mi lado contemplándome en ti.

Asoman incontables ideas a mí mente para decir que te amo en mil letras, pero me tiemblan las manos y la vista se me torna borrosa, al saber que esto no será eterno, que al tenerte comprendo que la vida es corta y no tiene segunda vuelta. Que debo ser para ti el mejor ejemplo y lo haré. Estaré siempre a tu lado señalando el camino correcto procurando evitar que cometas los mismo errores que quizás yo cometí. Seré cómplice tuyo cuando el regocijo suene a diversión. Cuando te portes mal, recordare que fui como tú y con paciencia te corregiré.

Estas gotitas se asoman, lágrimas de emoción, sollozos de sabor alegre semejantes al primer momento en que me entere que vendrías, como innegable es escribir que nunca dejarán de asomarse cuando de tí se trate.

Serán siempre como gotas que surtan de amorosos bisbiseos de mi alma para ti, aquel lugar donde perenne vive tu imagen, tu candor risueño como alimento de mi alma, del que nunca quisiera estar lejos porque lo necesito cada día, cada hora, cada segundo.

Hijo mío, Yo deje de ser hijo, por ti. Me hiciste comprender el trance difícil de éste nuevo papel para mí. No dudes jamás que te quiero, y nunca pierdas la fe en mí. Se que puedo comprender la complejidad de hijo y tus majaderías de compañerito inseparable, de incondicional infatigable. Y espero forjar en ti el anhelo que eres para mí y esperanza de este mundo cada día más estúpido.

No solo soy tu papá, soy tu amigo y tu el mío. De corazón deseo sembrar en ti lo que este mundo necesita. Y mientras tu me sigas necesitando, mis oídos no escucharan más que tu voz hijo mío.

Amaras muchas personas y de seguro las tendrás en tu corazón. Yo me conformo con un rinconcito en él, no importa si es pequeñito, solo espero que me necesites tanto como yo a ti.

Se que los años harán lo suyo, algún día a mis piernas llegará el cansancio del trajín de ésta vida donde espero tener tu mano hijo, para apoyarme en ti; así como yo te ayude a caminar cuando diste tus primeros pasitos y me hacías tan feliz.  Esa misma mano que hoy tomo con mucho cuidado para cruzar la pista, esa misma mano que un día me tomará firme cuando me toque cruzar el umbral de la vida al oriente eterno.

Hoy te estrecharé en mis brazos hijo mío, con la misma pasión de siempre. Y te contare una historia acerca de cuando tu naciste, de lo mucho que te quiero y de lo inmensamente feliz que me has hecho.

Sé que algún día leerás todo esto. Y espero siempre hijo que tengas tu propia fe, tu propia manera de pensar, que tengas siempre la verdad por delante, porque esa es la auténtica libertad, libertad con la que naciste hijo mío y que nadie bajo ningún precepto tiene derecho a usurpar. Feliz cumpleaños hijito mío, te amo... y un abrazo de oso.

Mes morado y rojo sangre de toro

El auspicio sobrará para lo cruel, y los culturados de la política y la empresa transnacional toxico-ambiental aplaudirán regocijados el sufrimiento del cornúpeta y pezuñas. Se pondrán de pie y lanzarán flores al camalero de chalequito vistoso y poto parado.

Y ese analfabeto vestido de luces persignándose levantará el escapulario con la imagen del “Señor de los milagros” recordándonos que la crueldad del humano tiene semejanza valía a un padre nuestro con el “amen” manchado de la sangre de un ser inocente que no sabe porque lo matan.

Es el remedo de lo que no es nuestro. Es la bisutería de la que muchos reniegan que nos halla conquistado, pero que anhelamos imitar con la ecolalia de lo bajo y más perverso. Es la tauromaquia, la cultura de los incultos. La mierda que se nos ocurrió copiar desde 1946 con exquisitez de bárbaro.

Cual es el derecho que posee el ser humano para tamaña salvajada. Como nos engañamos creyendo que esta barbarie con lentejuelas, mallas y traje de luces, es parte de una celebración “tradicional” bien organizada. No es otra cosa que un gran negocio para inhumanos de tortura despiadada y consentida para crueles.
 
Como leí en una revista muy antigua. Resulta que en este enfrentamiento, uno de los dos esta condenado de antemano, es la ignominia de las reglas que solo favorecerán al bípedo. Al cuadrúpedo antes del ruedo se le purga con Sulfato de Sosa para producirle diarrea. Se les inyecta 1 ó 2 cm cúbicos de un fuerte inmunodepresor llamado inmovilón-revivón para aturdirles por eso se caen muchas veces de patas delanteras en el ruedo, están drogados por los solícitos veterinarios; que deben ser alumnos del doctor Mortis ó compañeros de Josef Menguele.

Minutos antes que salga la bestia al coso, se les golpea los riñones con costales de arena y se le patea los testículos. Les recortan las puntas de los cuernos, se les unta vaselina en los ojos para nublarles la visión, por lo que atacan todo lo que se mueve. Por último, y ayudados de "pinchos eléctricos" o de objetos punzantes e hirientes, se les obliga a entrar en el ruedo, por eso cuando hacen su aparición recorren toda la arena en actitud aparentemente furiosa, cuando realmente tan solo son animales aterrorizados que buscan con desesperación una salida. Todas estas engañifas deshonestas se hacen luego de la misa del “Señor de los Milagros” y en la más absoluta reserva.
 
En plena faena el famoso Picador montado, es el encargado de clavarle la pica al toro, un arpón de 15 cm de largo por 5cm de diámetro con el fin de desgarrarle y cortarle los músculos del cuello y la espalda, lo que ocasionará que el toro no pueda alzar más la cabeza. Por cierto, el caballo acaba con múltiples y dolorosas fracturas de costillas, aun a pesar de llevar el peto que es un armazón tejido, muy grueso y pesado, por lo que se le suele cortar las cuerdas vocales para que no relinche a las fuertes envestidas.
 
La hemorragia del toro comienza a ser evidente, una vez mermado el astado,  entran en el ruedo los banderilleros encargados de incrustarle seis punzantes y cortantes banderillas de 8cm de largo, cuya misión es desgarrarle aun más la carne con cada movimiento del animal. Ya, la hemorragia es profusa y el toro comienza a debilitarse.

Muy mermado el toro, fatigado y asustado, El matador vestido con pinta de maricón, toma la espada con la sola intención de acabar la faena clavándole el estoque de casi un metro con el propósito de perforarle el corazón o algún vaso sanguíneo, e incluso los pulmones, provocándole vómitos de sangre y una lenta agonía.

Mientras tanto la multitud delira, arroja flores y aplaude a rabiar por el excelente espectáculo. Una vez más se pone de manifiesto la superioridad del hombre, que no es otra cosa que la superioridad de la pura cojudez.

Finalmente se le da la puntilla, con la intención de seccionar la médula espinal, lo que provoca la inmovilidad del animal pero continuando consciente de lo que ocurre mientras agoniza. En muchos casos tras bambalinas al toro se le destaza o descuartiza aun vivo.

Tome éste fragmento de un comentario escrito por don Cesar Hildebrandt, dice así: [...] El Comercio nunca deja de sorprender con sus majaderías. El lunes 30 de julio del 2007, en la página once (tenía que ser) de ese cuadernillo que titula “Luces” y que alumbra la cultura peruana con su foco ahorrador de 25 vatios, se permitió publicar un artículo titulado “Un mecanismo anula el dolor al toro bravo en la lidia”.

Ya el título era idiota y hubiese bastado con él, pero un señor de nombre Bartolomé Puigróss, editor de esa sección, se lanzó a recoger la tesis de un madrileño que debe ser plumífero a sueldo de los matarifes con culito (o sea los toreros), y que ha llegado a la conclusión de que las betaendorfinas (hormonas del placer) liberadas en la lidia neutralizan el dolor del toro.

Es más, el plumífero en cuestión señala que los toros que no son arponeados por las banderillas ni desgarrados por la pica ni finalmente asesinados por un analfabeto vestido de maricón (o sea el torero otra vez), es decir los toros  bien tratados como en Portugal, ésos sufren más que los banderillados y los matados lentamente en las plazas de la barbarie [...].

Quizás algún amante depravado de sangre inocente o algún fatuo del progreso recúlelo piense ¿Para qué tanto escándalo? si solo son toros, bestias, animales que para eso están, para divertirnos con el “arte” de la muleta y la banderilla; algo que deberían clavar en el culo al que tuvo la genial idea de ésta "Feria Milagrosa".

De seguro un buen humano sin alma pensará; primero estamos nosotros los hombres, el ejemplo de la creación de Dios, padre del Señor de los Milagros, patrono del mes morado, el turrón y la plaza de Acho.

Ya paren esa crueldad, esa "cultura" insana.



Seres felices



Una tarde, como muchas, en el atrio de la Catedral reíamos con mi hijo cuando él hostigaba a las palomas que escudriñaban el maíz que se embuchaban cuando se los arrojaba.

Entones una chilena buena moza que nos observaba me dijo: - que lindo sos’ tu nene po’... necesitái un babero para ti... Y luego me pregunto: - estaí muy feliz con él? ...quien como tú po’. Yo le dije: - que no, que no estoy feliz – y ella se sorprendió. Yo continué y le dije: - que fui feliz en el momento que nació, que ahora con mi hijo soy muy dichoso y afortunado.

Con rostro de ingenuidad, creo que aquella belleza chilena por primera vez ejercito su cerebro profano y sonrió, presumo que me entendió. Supongo que hecho a andar su materia gris, esa que para algunos, y la mayoría existe sólo cuando necesita de una aspirina ó cuando la resaca retumba su encéfalo alegre y baldío al crepúsculo matutino de discoteca.

Y es comprensible, pues la mayoría de jóvenes y no tan jóvenes, compiten por esa felicidad que apuesta por la ignorancia, el salivazo en la vereda, el programa de entretenimiento televisivo como fuente de información, la cervecita como única expansión de la entrepierna y la pendejada como máxima realización.

Es sabido que la “felicidad” fue invento de los Griegos de la época dorada. Y según el diccionario “felicidad” es un estado de ánimo del que se disfruta lo que se desea.

Pero lo que no se dice, pero sí se sabe, es que la “felicidad” es la más transitoria de las sensaciones, es decir que la felicidad no es perenne pero si renovable.

Uno de los primeros en conceptualizar la felicidad fue Aristipo de Cirene dando un significado práctico común, a mí parecer; hedonista hasta los forros. El decía que felicidad era un sistema de placeres que había que buscar cotidianamente.

Luego surgió Aristocles Podros, más conocido como Platón, a enjuagar los sesos y señalar que felicidad no era el placer sino la virtud, sobre todo la justicia y la formalidad de todo lo más puritano. Fue un concepto del que presumo, posteriormente se valió la iglesia como progenie del sentimiento de culpa llevado como práctica dogmatica de dominio. Todos sabemos que sin culpa no hay miedo y sin miedo no habría Iglesia.

Por eso lobotomizan en las mentes frágiles lo tan importante que es la comunión con Dios “como el único camino a la felicidad”. Si no aceptas cual ciervo ese precepto, serás juzgado en el tribunal de la moral, y condenado a ser convertido en parrillada de la inquisitoria Ley, como lo fueron decenas de miles librepensadores.

Creo que en realidad la “felicidad auténtica” depende de lo que cada individuo entiende por tal. Sin dogmas anacrónicos que esclavicen la conciencia del ser humano impidiéndole que piense por si mismo. Sin embargo, parece que la “felicidad” muchas veces es condicionada demasiado pronto y termina ahogada por la “felicidad oficial”, “la felicidad de la mayoría”, “la felicidad de telenovela”.

Sin embargo, hay cosas que aún me permiten pensar que ésta “creación” llamada felicidad sí existe, como el esmero de la naturaleza, la música, los libros, el cine, los niños y sobre todo en las experiencias; es que uno encuentra las herramientas para ser mejor, y expresar la realidad a quienes aún se encuentran afiebrados, apasionados y ocultos en un intenso mea culpa. Como dijo Fernando Savater “El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja, el problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos son complejos”.

Algunos amigos cuando pregunto, me dicen – vivo feliz – pero lo expresan con la misma fragilidad con la que sostienen esa palabra y la escriben en su Facebook disfrazado, y veo en su rostro el autoengaño de todas sus verdades; parecen defraudados en el matrimonio, timados en el amor, burlados en el negocio prospero, estafados en la promesa de la felicidad, buscando a quien culpar, muchas veces, casi todas las veces, por las consecuencias de sus propios actos.

La felicidad visita poco, viene en muchas formas, se va sin avisar y sin darnos cuenta. Hasta que nuestros ideales. El esfuerzo ante la adversidad y vivir haciendo lo que uno desea, la invite a cenar y nos acompañe en las satisfacciones esporádicas que uno va creando, construyendo en ésta vida.

Aprender a no responsabilizar de nuestros errores a terceros, y precisarnos que cada uno es garante de sí mismo, y premioso inapelable de las consecuencias de sus propios actos e ideales. Buscándolos sin rehuirles, sin esquivarlos, sin creer que la felicidad es la quietud del agua de estanque, qué es el modus vivendi del sedentario que al sol hace lo mismo que a la luna, ignorando que la vida es corta y no tiene segunda vuelta.

Es idiota pensar que es feliz el que vive sin tener que comer, el niño maltratado. Como también es igualmente idiota decir que se es feliz haciendo lo que no se desea, tener que trabajar en lo que no gusta. Sin poder estudiar lo que uno quiere y sin ejercer lo que uno estudio, esa es la hechura de este país que sonríe para fuera y llora por dentro ante la desigualdad y la falta de oportunidad de empleo que la demografía creciente afirma con paso de titán.

Todos tenemos un significado de la felicidad, pero cuando leí a Jean Paul Sartre que dijo: -La felicidad no consiste en hacer lo que uno quiere, si no en querer siempre lo que uno hace- estoy seguro que dio en el clavo.

Luego de una amena charla con aquella chilena preciosa, nos invito a mi hijo y a mí un heladito en Piamonte. Hoy conversamos por el messenger y siempre me invita a visitar Arica, quizás vaya, nos hagamos felices una noche, y al día siguiente me regrese, mirando el ocaso del sol, con la felicidad dibujada en el rostro.

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